En el oscuro abismo de su alma
rumiaba su tristeza un hombre solo,
sangrando su corazón por las heridas
buscaba en el silencio algo de calma....
Mas pensando en voz alta sus pesares
gritaba sin salir su voz urgente,
y los gritos desgarrados del silencio
se perdían en el fondo de su mente
Y negabase a sí mismo su existencia
y lloraba por amor que no tenia,
mas buscaba la muerte con anhelo
al creer que solo eso merecía...
Y clamando con sus manos hacia el cielo
con sus ojos buscando el infinito...
le pedía al ser supremo que allí habita,
por favor que termine su tormento...
y gritaba cada noche, cada día,
sus deseos de morir en el momento...
Mas de pronto el señor con voz de trueno
enojado de escuchar tantos lamentos,
le quito la voz por un momento
y le dio la luz a sus sentidos...
Y vio el hombre a una mujer
que sufría mas que él en sus tristezas,
que a pesar de sus penas y amarguras
en su cara reflejaba su grandeza...
Y pudo conocer también su alma,
su pensar, su valentía, sus arrojos...
y olvidó aquel hombre sus tormentos
con tan solo mirar aquellos ojos.
¡¡No podía creer tanta ternura!!
... Estiraba sus manos por tocarla
mas de pronto se dio cuenta que la amaba,
que tendría que luchar por alcanzarla...
El milagro sucedió en un momento
y la luz como un fulgor entró en sus ojos,
cuando de repente la vio aparecer,
y su risa apareció como un torrente,
el que nadie podía detener...
Y gritaba al mundo su alegría
hablando de su amor y entereza,
construyendo mil castillos con sus sueños...
Donde viva eternamente su princesa.
Ya no encuentra las palabras para amarla
ni un espacio donde hoy su amor estanca...
Solo sabe que esa mujer de otros tiempos
de la cual huyó con desesperanza...
Es hoy su estrella perdida
la cual lleva como nombre...
Alicia.
Una mujer joven llamada Yun Ok fue un día a la casa de un ermitaño de la montaña en busca de ayuda.
El ermitaño era un sabio de gran renombre, hacedor de ensalmos y pociones mágicas.
Cuando Yun Ok entró en su casa, el ermitaño, sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando dijo:
- ¿Por qué viniste?
Yun Ok respondió:
- Oh, Sabio Famoso, ¡estoy desesperada! ¡Hazme una poción!
- Sí, sí, ¡hazme una poción! ¡Todos necesitan pociones!
¿Podemos curar un mundo enfermo con una poción ?
- Maestro -insistió Yun Ok-, si no me ayudas, estaré verdaderamente perdida.
- Bueno, ¿cuál es tu problema? -dijo el ermitaño, resignado por fin a escucharla.
- Se trata de mi marido -comenzó Yun Ok-. Tengo un gran amor por él.
Durante los últimos tres años ha estado peleando en la guerra.
Ahora que ha vuelto, casi no me habla, a mí ni a nadie.
Si yo hablo, no parece oír.
Cuando habla, lo hace con aspereza. Si le sirvo comida que no le gusta, le da un manotazo y se va enojado de la habitación.
A veces, cuando debería estar trabajando en el campo de arroz, lo veo sentado ociosamente en la cima de la montaña, mirando hacia el mar.
- Si, así ocurre a veces cuando los jóvenes vuelven a su casa después de la guerra -dijo el ermitaño-, Prosigue.
- No hay nada más que decir, Ilustrado. Quiero una poción para darle a mi marido, así se vuelve cariñoso y amable, como era antes.
- !Ja! Tan simple, ¿no? -replicó el ermitaño-. ¡Una poción!
Muy bien, vuelve en tres días y te diré qué nos hará falta para esa poción.
Tres días más tarde, Yun Ok volvió a la casa del sabio de la montaña.
- Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo.
Tráeme su bigote y te daré lo que necesitas.
- ¡El bigote de un tigre vivo! -exclamó Yun Ok-. ¿Cómo haré para conseguirlo?
- Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito -dijo el ermitaño.
Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.
Yun Ok se marchó a su casa. Pensó mucho en cómo conseguiría el bigote del tigre. Hasta que una noche, cuando su marido estaba dormido, salió de su casa con un bol de arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre.
Manteniéndose alejada de su cueva, extendió el bol de comida, llamando al tigre para que viniera a comer.
El tigre no vino...
El bigote del tigre ll
Estar enamorado, amigos,
es encontrar el nombre justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra
que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es recobrar la llave oculta
que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra
con una fuerza que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento
que por encima de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre
de la persona la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos
una mirada verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca
la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos
ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre,
la soledad de nuestra sombra está vencida.
Estar enamorado, amigos,
es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto
a cristalina voz de un río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre
donde ha quedado prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes
en un paisaje de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio
donde conviven los perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa
y al mismo tiempo recibirla de su espada.
Es confundir el sentimiento
con una hoguera que del pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego
y al mismo tiempo ser esclavo de la llama.
Es entender la pensativa
conversación del corazón y la distancia.
Es encontrar el derrotero
que lleva al reino de la música sin tasa.
Estar enamorado, amigos,
es adueñarse de las noches y los días.
Es olvidar entre los dedos
emocionados la cabeza distraída.
Es recordar a Garcilaso
cuando se siente la canción de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben
en el espacio las primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde
por la ventana de una casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa
por la montaña con las luces encendidas.
Es comprender perfectamente
que no hay fronteras entre el sueño y la vigilia.
Es ignorar en qué consiste
la diferencia entre la pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche
la vagabunda confesión de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas
del corazón una pequeña lucecita.
Estar enamorado, amigos,
es padecer espacio y tiempo con dulzura.
Es despertarse una mañana
con el secreto de las flores y las frutas.
Es libertarse de sí mismo
y estar unido con las otras criaturas.
Es no saber si son ajenas
o si son propias las lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente
las aguas turbias del torrente de la angustia.
Es compartirla luz del mundo
y al mismo tiempo compartir su noche obscura.
Es asombrarse y alegrarse
de que la luna todavía sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma
que la tarea de ser hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre
y en adelante no volver a decir nunca.
Y es además, amigos míos,
estar seguro de tener las manos puras.

Besos Vampiricos para todos.